jueves, 3 de noviembre de 2022

Territorio Camuñas: "APOCALISPIS"

Nueva concentración vikinga en Humanes de Madrid. Ocho aguerridos guerreros se van a adentrar en lo que viene siendo una tradición: en "Territorio Camuñas". Se han marcado como objetivo revisar los territorios previos al Arroyo de la Puentecilla y regresar por el municipio de Batres, aprovechando una mañana soleada aunque algo fresca.

Con sus impolutas máquinas rodadoras, inician esta ruta saliendo de Humanes para dirigirse a la localidad de Griñón. Pequeños percances presagian una batalla complicada. Algunos despistes entre tantos gps, camiones por el camino acondicionando el terreno con bancales de arena apisonada y desvío por pastizales para salvar las obras de una canalización. Demasiados imprevistos para el arranque de la jornada. No debe estar muy contento Odín en el Valhalla, tanto tiempo sin ver a las hordas vikingas pedalear por los caminos no le ha debido de hacer mucha gracia y, como represalia, les ha preparado una contienda digna de grandes héroes.

Con su incansable y veloz pedaleo se presentan en el Arroyo de la Vega, bajo la M-404. Terreno muy roto y arenoso. con estrechos senderos que se confunden con la alta vegetación. Bajo el paso elevado se cruzan con un gran rebaño de cabras. Los pobres animales, asustados ante la malicia de las miradas vikingas, salen huyendo y dejan libre el camino para que las huestes vikingas continúen su marcha.

Las pistas arenosas dejan paso a ocultos senderos donde, más que ver, se intuye el camino a seguir. Pero al llegar al Arroyo de Prado Bajo, junto a una finca raramente vallada, intuyen la continuidad del camino a través de un estrecho sendero intransitable y cubierto de cañas secas, lo que les obliga a descabalgar de sus monturas y emprender un corto pero complicado trayecto donde algún guerrero salió marcado.


Al salir de la trampa, pensaron que ya habían pagado por su largo periodo de inactividad, pero la penitencia iba a ser más cruel. Tras vadear el pequeño arroyo se adentran por un pequeño e intransitable repecho para acabar junto a terrenos arados donde solo queda volver a empujar las bicicletas.

El espíritu vikingo devuelve la ilusión a estos sufridores ciclistas y emprenden una rápida bajada para llegar al Arroyo de la Puentecilla donde esperan encontrarse con un frondoso pinar que arropa al arroyo durante su recorrido.

¡Qué ilusos!. Odín vuelve a atizarles por no salir con sus máquinas rodadoras más a menudo. Lo que se encuentran estos guerreros del pedal es una auténtica apocalipsis. Un desastre ecológico, un paisaje devastado por los rayos de los dioses nórdicos. Una tala masiva de los pinos en la linde del Arroyo  de la Puentecilla, no troceados ni retirados aún es el paisaje real que tienen ante sí los incrédulos vikingos. Una trampa preparada por una mente divina para minar la moral ciclista y hacerles recapacitar sobre sus capacidades físicas y mentales.



Pero nada más lejos de la realidad. Con un aplomo no visto sobre una bicicleta, uno a uno, van saltando los grandes y numerosos troncos con sus máquinas sobre el hombro, sorteando las puntiagudas ramas que les acechan. Formando una cadena vikinga son capaces de salvar el talud arenoso y escapar de esta trampa preparada por la mente de un dios cabreado.


De vuelta a los caminos transitables, dejan atrás el arroyo y suben de nuevo hasta la linde con la AP-41, estando obligados a reconfigurar la ruta inicial. De esta forma, llegan hasta la vía pecuaria del Camino de Batres y se dirigen raudos hasta el pueblo dejando a su izquierda el solitario Castillo de Batres.

Las máquinas rodadoras dejan su impronta sobre las calles de Batres y se alejan del pueblo por una empinada carretera que tiene su continuidad por ascendentes pistas hasta cruzar por el puente de la AP-41, lugar donde se agrupan para llegar unos metros más adelante a la M-410. La única forma de atravesarla es por un estrecho paso de forma cilíndrica, sin apenas visibilidad y con firme arenoso. Pero a estas alturas de la ruta, esta última trampa no es impedimento para continuar y finalizar el recorrido de hoy.

Con el trabajo bien hecho y habiendo salido victoriosos en las refriegas y múltiples trampas dejadas por dioses enojados, se aproximan a su destino final y, antes de entrar en Humanes se agrupan para inmortalizar la gesta de hoy.


Sin más percances, consiguen llegar al punto inicial y dar por finalizada la ruta de hoy. Recorrido acortado, pero no así pesado por los grandes cambios de ritmo y las múltiples paradas. Por eso, el premio de unas frías rubias recomponen sus cansados cuerpos .


Y para cerrar un buen día, nada mejor que una suculenta comida compuesta de un completo cocido que devuelve la energía  a estos entusiastas ciclistas.



Finaliza esta crónica con la esperanza de no volver a vivir una apocalipsis provocada por un furioso Odín. Lo mejor será salir más a menudo para tenerle contento y volver a las tranquilas batallas vikingas.


EL CUADERNO VIKINGO:

Total kilómetros: 37,40 Km
Tiempo total invertido: 3 h 28' 51''
Tiempo en movimiento: 2 h 42' 34''
Tiempo detenido:  46' 17''
Velocidad media en movimiento: 13,90 km/h
Velocidad máxima: 46 km/h
Altitud mínima: 487 m.
Altitud máxima: 697 m.
Desnivel acumulado ascendiendo: 625 m.
Desnivel acumulado descendiendo: 478 m



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jueves, 20 de junio de 2019

LA CONQUISTA DE LAS CANTERAS

Reunión vikinga en la localidad toledana de Escalona del Alberche. Una mañana calurosa y un entorno desconocido para los guerreros del pedal y sus destructivas máquinas rodadoras. Dos grupos muy determinados se iban a encontrar en la Ribera del Alberche. Uno para relatar las hazañas de la contienda, y el segundo, para acompañar en la degustación de las viandas de la tierra.

Arranca la ruta atravesando el puente romano sobre el río Alberche, subiendo junto al Castillo-Palacio de Escalona cuya defensa no fue rival para estos guerreros y ya forma parte de su patrimonio ciclista.

Tras dejar atrás Escalona y llegando al pequeño municipio de Paredes, el grupo vikingo se adentra junto a la cantera y dejan  libertad a sus cabalgaduras para que disfruten por el Camino de Santiago que les llevará hasta la localidad de Cadalso de los Vidrios. Una deteriorada y estrecha carretera les adentra en la localidad madrileña dejando su impronta en modo fotográfico junto al monumento al cantero.








Tras el paseo triunfal por el recién conquistado municipio, deciden regresar adentrándose por la gran cantera entre un esplendido entorno de encinares. Las fotos de rigor para inmortalizar su gesta y prosiguen su camino






Un rápido paseo entre encinas y pinares les sitúa en la Cañada Real Talaverana para coger el camino que les llevará hasta la localidad toledana de Almorox, teniendo que bajar la enorme pared hormigonada dejando constancia de su maestría en los descensos. La subida al cementerio no fue obstáculo para las huestes vikingas.

Un tranquilo paseo por zonas de cultivos les aleja de las zonas boscosas y del pueblo de Almorox para llegar al final de su ruta, debiendo de bajar el último obstáculo en forma de pendiente empedrada para llegar a las tranquilas aguas del Río Alberche bajo la atenta mirada de los muros del castillo.




Tras volver a rodar sobre el puente romano, los guerreros vikingos llegan al punto de encuentro con el restos de los vikingos que les estaban esperando para finalizar la ruta bajo las aguas de la piscina y degustar las viandas de la zona regadas con las consiguientes rubias y frías cervezas.




Una preciosa ruta en compañía de esta tribu que, aunque últimamente no se prodiga por los caminos, siempre aparecen cuando son convocados.



EL CUADERNO DEL VIKINGO:

Total kilómetros: 43,40 Km
Tiempo total invertido: 3 h 36' 10''
Tiempo en movimiento: 3 h 01' 55''
Tiempo detenido:  34' 15''
Velocidad media en movimiento: 14,30 km/h
Velocidad máxima: 43 km/h
Altitud mínima: 382 m.
Altitud máxima: 799 m.
Desnivel acumulado ascendiendo: 737 m.
Desnivel acumulado descendiendo: 690 m



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by Gerar

jueves, 28 de marzo de 2019

LOS BÚNKERES OLVIDADOS

Tras un invierno ocioso, tres inquietos vikingos deciden desempolvar sus máquinas rodadoras y explorar uno de los puntos singulares de los territorios aledaños al río Manzanares: La Marañosa.

Las briosas bicicletas no dejaban de rugir bajo los nidos de las cigüeñas que se extienden a lo largo de las vías del Metro de Rivas-Vaciamadrid. Punto de encuentro e inicio de la ruta. Los tres intrépidos guerreros se han unido para buscar los búnkeres y galerías de defensa excavadas por sus antepasados en las laderas de La Marañosa. Saben que, después de muchos años, fueron utilizadas en la Guerra Civil y que este promontorio fue, y sigue siendo, un punto estratégico militar.

Con el poderoso pedaleo que les caracteriza, cruzan bajo la A-3 y se introducen por un camino que les hace pasar por la Escuela Nacional de Protección Civil. Un pequeño puente es testigo del paso sobre los últimos metros de las aguas del río Manzanares. Deciden bordear La Marañosa por el lado derecho de su cara norte hasta llegar al carril-bici de la M-301. Un terrible pedaleo les sitúa en la Glorieta de Górquez de Abajo para girar a la izquierda y seguir bordeando La Marañosa por su cara este, paralelos a la Acequia Real del Jarama.

A partir de aquí, sus miradas se clavan en las laderas rocosas de su izquierda hasta que localizan algunas entradas a las galerías de los búnqueres olvidados con el paso de los años. El arrojo de estos incansables exploradores vikingos les hace bajarse de sus monturas y emprender campo a través hasta los límites de la montaña. Con las máquinas rodadoras a la sombra, revisan la ladera introduciéndose en algunas galerías y llegando hasta el respiradero de uno de los búnker. Para testimoniar el territorio explorado, nos han dejado unas fotografías de recuerdo, no pudiendo ver otras antiguas instalaciones militares al encontrarse valladas. 


Respiradero de un búnker





Una vez revisado el terreno, y no habiendo localizado otras derruidas instalaciones militares, prosiguen bordeando La Marañosa hasta pasar junto a la Presa del Rey y llegar al punto más curioso y poco conocido de la zona: la desembocadura del río Manzanares en las aguas del río Jarama.


Desembocadura del Río Manzanares en el Río Jarama
Como la mañana no les ha deparado grandes esfuerzos, y dado que esta tribu vikinga está curtida en grandes batallas, deciden finalizar la vuelta a La Marañosa y adentrarse por su interior para atravesarla por el Camino de la Casa de Eulogio y llegar a su mayor cota geodésica, desde donde otean un precioso paisaje de la vega del río Jarama.


Cota geodésica de la Marañosa





Un continuo sube-baja les calienta las piernas y les devuelve al principio del camino sobre el pequeño puente del río Manzanares, y desde ahí, hasta el estacionamiento del Metro de Rivas-Vaciamadrid, donde las sorprendidas cigüeñas se inquietan al verles finalizar la ruta de hoy.

Y como siempre, haya cuestas o falsos llanos, estos guerreros solo saben acabar sus rutas en compañía de unas frescas y espumosas rubias, presagio de próximas expediciones.






EL CUADERNO DEL VIKINGO:

Total kilómetros: 47,10 Km
Tiempo total invertido: 3 h 35' 38''
Tiempo en movimiento: 2 h 53' 09''
Tiempo detenido:  42' 29''
Velocidad media en movimiento: 16,30 km/h
Velocidad máxima: 42 km/h
Altitud mínima: 397 m.
Altitud máxima: 651 m.
Desnivel acumulado ascendiendo: 604 m.
Desnivel acumulado descendiendo: 450 m



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viernes, 4 de enero de 2019

LOS CALAMARES VIKINGOS

Para un vikingo, la mejor forma de empezar un año es hacerlo sobre la bicicleta. Una buena táctica para desprenderse de esos inseparables kilos que se acumulan durante las navidades.

Después de un largo periodo de inactividad, seis aguerridos vikingos desempolvan sus máquinas rodadoras y, desafiando al frío y las heladas, se juntan en la Casa de Campo para recorrer parte de uno de los territorios más bonitos existentes.

No pretenden entrar en refriegas, tan solo rodar con calma y calentar las piernas para el objetivo final de la ruta de hoy: degustar un formidable bocata de calamares en la Plaza Mayor.



La Casa de Campo está congelada, las praderas verdes están cubiertas por una fina película blanca, los chacos congelados, la hierba cruje y la tierra helada. Pero estas condiciones no merman las ganas de disfrutar de los caminos, los senderos y alguna que otra trialera. 

Con temperatura rondando los cero grados se introducen por recónditos parajes entre frondosos bosques, estrechos y sinuosos senderos y anchas pistas que les devuelve hasta el Lago.

Las tribus vikingas son enemigos a batir rueden por donde rueden. Siempre están alerta ante cualquier imprevisto. Pero la trampas aparecen en el momento más inesperado. Una pequeña caída en un estrecho y arbolado sendero hace que uno de estos valientes guerreros sienta la frialdad de la tierra. Con todo el arrojo y pundonor de un gran luchador, el guerrero Carmona se sobrepone y se sube en su máquina para culminar el objetivo del día aún teniendo su cuerpo dolorido.

La horda vikinga sale de la Casa de Campo y por Madrid Río llegan a la Cuesta de la Vega para rodar por la calle Mayor ante la atónita mirada de los turistas. La Plaza Mayor está abarrotada de gente, los puestos navideños empiezan a ser desmontados. Al paso de los caminantes llegan hasta su objetivo. 

El premio es uno de los mejores ejemplares de bocata de calamares que se comen en esta zona, acompañado, como siempre, por una muy fría rubia enlatada.










Antes de regresar y culminar la ruta de hoy, unas fotos de rigor en la Plaza Mayor para recordar los últimos detalles navideños. 






Dejando atrás la Plaza Mayor, una tránquila bajada les devuelve a la Casa de Campo, en donde dan por finalizada esta primera incursión en el mundo del pedal, con el aliciente de recuperar a una vieja gloria del ejército vikingo, el tío Rivas; que, aunque metido en años, aún es válido para algunas batallas.

Fin de ruta. Esperemos que los clanes vikingos se animen y se vayan incorporando en las próximas batallas, que seguro las habrá. 

FELIZ AÑO



EL CUADERNO DEL VIKINGO:

Total kilómetros: 24,80 Km
Tiempo total invertido: 2 h 47' 23''
Tiempo en movimiento: 1 h 53' 11''
Tiempo detenido:  54' 12''
Velocidad media en movimiento: 13,10 km/h
Velocidad máxima: 39 km/h
Altitud mínima: 436 m.
Altitud máxima: 668 m.
Desnivel acumulado ascendiendo: 520 m.
Desnivel acumulado descendiendo: 351 m



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by Gerar

jueves, 21 de junio de 2018

LOS NEVEROS DE RIAZA

Una de las costumbres que han perdurado en el tiempo dentro de las tribus vikingas es la de hacer partícipes de sus victorias a sus descendientes. Muy común era concentrarse en medio de los bosques para celebrar las gestas y rememorar las grandes batallas que acrecentaron sus territorios.

Como no podía ser de otra forma, un pequeño grupo de guerreros vikingos junto con sus máquinas rodadoras se concentraron en Riaza (Segovia) para celebrar el solsticio de verano y, para no faltar a sus costumbres, darse un homenaje a costa de las terribles refriegas de las que salieron victoriosos. 

Se iba a preparar una opulenta comida en las profundidades de la Sierra de Ayllón, e iba a ser testigo de ella un futuro vikingo, Manuel, junto tres grandes cocineros nórdicos, Álvaro, Peke y la vikinga Maribel. Pero para ello, los guerreros del pedal debían de salir a cazar algún corzo para echarlo a la lumbre. La bebida ya estaba preparada pero, estaba fría.




A una mente prodigiosa, como la del patriarca Carmona, solamente se le podía ocurrir ir a buscar hielo en Los Neveros de Riaza. Para ello, debían de ascender hasta la Estación de Esquí de La Pinilla. Así pues, los vikingos Carmona, Richi, Óscar, Chao y Gerar se pusieron en marcha desde el campamento base de Riaza.




Pasando junto a las piscinas municipales se adentran en los profundos bosques sorteando varias cancelas para que las reses no se escapen. Largas y empinadas cuestas no detienen ni aminoran el ritmo de los cinco guerreros hasta que pasan la última cancela, saliendo a la carretera que les lleva hasta la Estación de Esquí de La Pinilla y desde donde divisan los deseados Neveros de Riaza






Llegados a este punto, como buenos estrategas, los vikingos se distribuyen el trabajo y se decide que el guerrero Chao sea el encargado de llevarse el hielo de los Neveros y bajar en solitario hasta el campamento base para ir enfriando las frías rubias que agotarán durante la comida. 

Mientras, los cuatro vikingos restantes con sus temibles y veloces máquinas continúan el recorrido entre los bosques en busca de un gran corzo para despacharlo en el fuego.  Lo primero que encuentran es la escondida y solitaria Ermita de San Benito, tras vadear algunos arroyos.


Ermita de San Benito

Prosigue la marcha de este reducido grupo evitando caer en la trampa que la Sierra les tenía preparada en forma de caminos intransitables por el barro y por la gran cantidad de agua que emana en esta época del año dentro del bosque. Siguiendo al patriarca Carmona, emprenden una veloz bajada que les aleja del peligro y suben hasta la localidad de Riofío de Riaza para reponer líquidos.


Riofrío de Riaza

Como buenos previsores que son, supervisan la escondida zona del bosque donde van a celebrar la fiesta vikinga en el primer día de verano, junto a la Ermita de Hontanares. Pero es en la bajada hacia Riaza cuando, en una curva, un enorme corzo quiso interponerse en el camino de esta reducida hueste vikinga siendo lo último que vio el incrédulo astado.


Ermita de Hontanares

Ya en el campamento base de Riaza, los hambrientos y sedientos vikingos guardan sus máquinas rodadoras y junto con los tres cocineros y el futuro vikingo Manuel, suben hasta las proximidades de la Ermita de Hontanares y se disponen a preparar las viandas y darse un buen homenaje con las rubias y frías cervezas enfriadas con el hielo de Los Neveros de Riaza que bajó el astuto guerrero Chao.






En todas las localidades próximas a la Sierra de Ayllón se tuvo conocimiento de la gran fiesta vikinga que conmemoraba las innumerables victorias por todo el territorio nacional y la celebración del solsticio de verano. El mensaje les llegó en forma de una gran columna de humo que emanaba entre las copas de los árboles.






La gran maestría del chef vikingo Chicotus, más conocido como Álvaro hizo las delicias de toda la familia vikinga con la inestimable supervisión del Peke y Maribel. 








Los árboles del bosque fueron testigos de como toda la tribu vikinga degustaba las sabrosas carnes y las gélidas bebidas mientras la mascota, Jara, correteaba en busca de palos.







Pero los que piensen que las fiestas vikingas finalizan cuando se acaban los manjares es que no conocen a esta tribu ciclista. Son muy pocos los que lo saben, pero sus musculados y desarrollados cuerpos han de pasar por las termas serranas para conservar su feroz apariencia.









Así es como finaliza una fiesta vikinga, con una ruta algo exigente de 32 kilómetros, la degustación de una magnífica barbacoa bañada con frías y espumosas rubias más alguna botella de vino, la recuperación muscular con un divertido baño y la sensación de haber pasado un gran día en la mejor compañía. 

HASTA LA PRÓXIMA



EL CUADERNO DEL VIKINGO:

Total kilómetros: 31,90 Km
Tiempo total invertido: 3 h 09' 27''
Tiempo en movimiento: 2 h 25' 48''
Tiempo detenido:  43' 39''
Velocidad media en movimiento: 13,10 km/h
Velocidad máxima: 59 km/h
Altitud mínima: 1065 m.
Altitud máxima: 1497 m.
Desnivel acumulado ascendiendo: 823 m.
Desnivel acumulado descendiendo: 694 m



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by Gerar