lunes, 9 de junio de 2014

LA EMBOSCADA EN LOS MONTES

Tranquilo desafío el que se han planteado en la mañana de hoy un pequeño grupo de vikingos. Esta vez han sido seis los participantes en esta refriega: Peke, Jose Luis, Casillas, Julián, Juanjo y Gerar. La propuesta era sencilla y, a priori, fácil. Un recorrido circular de unos 50 km que les va a permitir conquistar los tres montes del Oeste de la Capital: El Monte de Pozuelo, el Monte del Pilar de Majadahonda y el Monte de Boadilla.

Con el ánimo por las nubes y con ganas de guerrear arrancan desde el Parque de las Cruces y en una rápida bajada por el carril-bici del Anillo Verde Ciclista se plantan en la Casa de Campo. Conocido y dominado terreno para estos vikingos que optan por bordear la valla por el lado izquierdo, atravesando un pequeño y divertido sendero y subiendo junto a la valla. Los toboganes tratan de frenarlos pero no tienen los desniveles necesarios; ni tan siquiera la subida a la torre eléctrica. Tras bordear las vías del Cercanías, salen de la Casa de Campo por un pequeño paso y se encuentran con su primer impedimento: la carretera M-503. Pero un vikingo siempre encuentra una solución, y ésta tiene forma de escaleras y un paso bajo la carretera. De esa forma, llegan a Aravaca.




Siguiendo el curso del Arroyo de Pozuelo, y camuflados por su vegetación y por el parque lineal que les regala una agradable paseo, llegan hasta la localidad de Pozuelo de Alarcón. Haciendo uso de sus calles y carriles bicis, se plantan ante la entrada al primer monte: El Monte de Pozuelo. Para un vikingo lo desconocido es un reto. Adentrarse en un sombrío bosque y surcar sus estrechos caminos, sin que el sol apenas les roce es todo un espectáculo. De esa forma llegan hasta el Monte del Pilar de Majadahonda y por pequeños caminos y rápidos senderos pasan junto al Centro de recuperación de animales salvajes (GREFA) y se dirigen hacia las proximidades de la Estación de Cercanías de Majadahonda. No hay camino ni sendero que les haga bajar el ritmo; y entre pinares y encinares llegan a la salida de este fabuloso Monte.




Hasta el momento nada les ha parado. Están frescos, fuertes y con ganas de pelea. Atraviesan la Urbanización el Pinar del Plantío sin oposición de los vigilantes; y por el carril-bici de la M-515 consiguen acceder al puente sobre la M-503. En ese momento, otean una gasolinera. Su instinto de supervivencia les hace asaltarla y apoderarse de todo el agua que encontraban a su paso. Un poco de aire en las ruedas y continúan camino de su siguiente monte.

Dicen que la curiosidad mató al gato, y estos valerosos vikingos bajaron la guardia ante unos rápidos y estrechos senderos. Por fin una zona divertida, fuertes bajadas y rápidas subidas, veredas imposibles, mucha vegetación, y ¡¡¡ZAS!!!, Julián por los suelos. La trampa era perfecta. Destinada para dejar KO a un humano. Pero para desmontar definitivamente a un vikingo se necesita algo más. No es oposición un tronco en medio del camino para echar atrás a estos guerreros. Como Obelix en la Galia, un golpe en la testa no frena la contienda. La caída quedó en anécdota y una muesca para el casco.






Tras cruzar el puente del arroyo llegan a la entrada al último Monte: El Monte de Boadilla. Largo y lineal bosque de encinas, no tan frondoso como los anteriores, pero muy rápido. Desnivel favorable y alta velocidad. Están desbocados y con ganas de pelea. La M-513 intenta pararles pero se deshacen de élla pasando por debajo junto al Puente de Piedra. Prosiguen su incontrolado ritmo para asombro de los caminantes. Pero casi al final del monte giran a la izquierda y se enfrentan a uno de los últimos desafíos de la ruta: la subida a la Urbanización MontePríncipe. Una larga ascensión de casi dos kilómetros, con un pequeño tramo inicial del 18 % y una subida "templada" hasta el final hace que el pelotón vikingo se estire.






Hay que recuperar fuerzas y oxigenar el cuerpo. El entorno merece un descanso y hay que preparar el asalto a la Urbanización. Van a dejar atrás un gran pulmón verde. ¡Qué privilegio poder llegar hasta aquí sin coger el coche!




Por un camino paralelo a la valla, los vikingos llegan hasta una pequeña puerta no vigilada que accede a las calles de esta urbanización. No hay coches, ni personas, tan solo grandes mansiones. Las barreras vigiladas no ofrecen obstáculos y consiguen llegar al nudo de la M-501. Así, entran en el Polígono Industrial el Ventorro del Cano y, tras atravesarlo, salen a los secarrales donde el vikingo José Luis se despide y toma dirección a San José de Valderas.

Los cinco que quedan no bajan el ritmo. El terreno, muy seco y sin sombra es favorable. Pasan bajo la M-40 y el espectáculo de la gran ciudad en el horizonte les hace inmortalizar el momento:




La larga y rápida bajada les conduce hasta las inmediaciones de la Ciudad de la Imagen; y unos metros más adelante atraviesan el Arroyo de Valchico, hoy sin agua. Última refriega al tener que subir la pequeña rampa, pero la sortean de uno en uno para adentrarse en la Gran Ciudad.




Sin mas sobresaltos estos héroes del pedal llegan al Parque de las Cruces. Han solventado todas las pequeñas dificultades que encontraron durante estos 50 kilómetros y que les han permitido contemplar la belleza de los montes. Y, que además, les ha recordado que para entrar en combate contra el terreno es imprescindible ir protegidos: caso-gafas-guantes. Por último, el premio que todo guerrero espera: esas rubias fresquitas para sellar una buena mañana ciclista.






EL CUADERNO DEL VIKINGO: 

Total kilómetros: 49,100
Tiempo total invertido: 3 h 39' 
Tiempo en movimiento: 2 h 52' 33''
Tiempo detenido: 46' 27''
Velocidad media en movimiento: 17 km/h
Desnivel acumulado ascendiendo: 633 m.
Desnivel acumulado descendiendo: 582 m.
Altitud máxima: 746 m.
Altitud mínima: 580 m.



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DE LOS VIKINGOS


PERFIL DE LA RUTA:




TERRITORIO CONQUISTADO:


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